30/05/2024

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Las reservas bajaron US$ 1.256 millones en noviembre y el Gobierno insiste en que hay que pasar el verano

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Están en US$ 38.620 millones. La demanda de los importadores crece y las liquidaciones vienen rezagadas por culpa de la brecha cambiaria. Los funcionarios apuestan todo a llegar a la próxima cosecha gruesa.

Los datos que informa el Banco Central dicen que las reservas quedaron este martes en 38.620 millones de dólares, 1256 millones por debajo del cierre de los 39.856 millones que cerró octubre, acentuando el declive que se observó prácticamente a lo largo de todo el año. De hecho las reservas estaban en 42.842 poco antes de cerrarse el canje de deuda y en casi 45000 millones a fines de 2019.

No hay cepo, super cepo o cepo hard que pueda frenar la tendencia. Hoy hay 16% menos que reservas que un año atrás. A favor del BCRA puede decirse que el oro cayó 10% en noviembre, y eso impactó sobre la posición de reservas (unos US$ 3.800 millones) invertida en ese metal precioso.
Frente a estos números, en el Gobierno (tanto en Economía como en el Banco Central) sostienen que las reservas líquidas son suficientes como para enfrentar la oferta de divisas que hoy está concentrada principalmente en importadores y en menor medida en empresas que refinanciaron sus deudas según los parámetros establecidos por el Banco Central. Más atrás, ahorristas y consumidores que pagan gastos de tarjeta de crédito con dólares. Aunque estos últimos tienen que pagar el tipo de cambio oficial más el plus del impuesto PAIS y el anticipo a cuenta de ganancias. Los funcionarios apuestan a pasar el verano y llegar a abril -inicio de la cosecha gruesa- con el acuerdo firmado con el FMI.
En el mercado financiero sostienen que la presión sobre las reservas viene de los importadores que se tiran de cabeza si se les abre la ventanilla y les otorgan luz verde para hacerse de dólares a 80 pesos.
La demanda de los importadores puede estar incrementándose en estas semanas por una tibia reactivación de la actividad y el consumo local. De hecho, el último informe que realiza el área de estudios económicos del BBVA señala cierta recuperación. Lo dice así: “Noviembre termina con buenas noticias para el consumo: luego de casi cuatro meses en terreno negativo, los gastos realizados con tarjetas exhibieron un rápido crecimiento real que promedió el 10% respecto a noviembre de 2019 en la última semana. El alza se observa tanto en bienes como en servicios, aunque la mejor performance se da en los primeros.”
Una leve recuperación del consumo y de las importaciones puede estar explicando que reaparezcan, por ejemplo, pastas italianas a $ 700 el paquete de medio kilo o turrones españoles a $ 1000. Puede ser un dato al azar, pero está reapareciendo, de a poco, la oferta de bienes finales importados en algunas góndolas.
El otro motivo que impulsa la demanda de dólares -para quienes pueden comprarlos, naturalmente-, es que las tasas de interés en pesos que se consiguen para financiar la compra de divisas sigue siendo atractiva, porque aún en esta calma pasajera las expectativas de devaluación siguen siendo mayores a la tasa de interés en pesos. Y eso se refleja en las tasas implícitas del mercado de dólar a futuro. Para algunos la brecha es un incentivo a no liquidar dólares, para otros, lo contrario.
El declive de las reservas también se explica por la decisión de los productores agropecuarios de vender solo lo justo y necesario de la soja que guardan en sus campos. En noviembre las cerealeras liquidaron 1.715 millones y se espera que en diciembre las ventas sean menores.
Este es el contexto que rodea a la estrategia oficial, que busca evitar de todas formas una devaluación hasta llegar a los dólares de la cosecha gruesa, que aparecerán con fuerza recién a partir de abril de 2021.
Lo llamativo (o no tanto) de que estas penurias que atraviesa el país -sintetizadas para algunos como un problema de “restricción externa” es que ocurren al mismo tiempo que, literalmente, los países están embuchados de dólares. La mayoría de los países  de Occidente tiene en el mercado bonos que rinden apenas arriba o incluso debajo del 0% anual. La región consigue dólares a tasas que no superan el 3%. En ese contexto, el gobierno dedica gran parte de su materia gris a poner una barrera entre la demanda de dólares y la oferta.